Universos ParaLelos

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17 oct 2011

La belleza de Amanda Knox

Lloro porque la película sobre mi historia es una puta mierda
Últimamente ando desconectado de la actualidad pública social de este nuestro planeta. La falta de internet, y la falta de ganas, redundan claramente en mi perjuicio a la hora de enterarme de lo que pasa a mi alrededor, que a mayores, y a tenor de los susurros que me llegan de algún televisor lejano, sigue siendo la misma mierda de siempre.

Pero hubo algo de entre todo lo que fluye por ese lodazal que no se me escapó: chica americana, guapa, de virtud intachable, absuelta de una condena de 26 años de cárcel por el asesinato de su compañera de piso, una británica erasmus con over 9000 hamijos en Facebook. Con ella, queda absuelto también su noviete, un pringado adicto a los estupefacientes con pinta de dirigir una orquesta de segunda en los callejones de Viena.

Reconozco que el caso de Knox me fascina de alguna manera, más que cualquier acusación de BATIDATO, o más que cualquier dedo en córnea ajena. ¿Asesinatos? De esos hay muchos, cada semana, cada día, cada hora... Pero... ¿cuántas veces una chica jóven, guapa, americana.. mata a su compañera de piso, jóven, guapa  y británica? ¿cuántas veces se nos presenta la ocasión de hacer terrorismo informativo y negocio a costa de un crimen con trasfondo sexual? Belleza, morbo, sangre, sexo, a Jordi González le reventaría el cráneo de excitación si el asesinato hubiera tenido lugar en cualquiera de los pisos erasmus de la geografía patria.

El caso es que han pasado apenas tres años, y ya hay libros y cantidades ingentes de periódicos vendidos a costa del tema. O mejor, a costa de Knox, la chica guapa, la promiscua, aquella sin cuya belleza el caso tendría la misma trascendencia que un pedo de Mourinho. ¿O duda alguien de que si Knox fuera más fea que una mierda, no se habría enterado ni el más achispado de los tertulianos de AR? Porque de la víctima, se acuerdan sus padres, y poco más. Miranda Kercher es el cadaver que justifica que puedan hacerse públicas las listas de maromos con los que Knox yacía en las frías noches italianas, o que pueda incluso rodarse un bochornoso telefilme ad mairoem dollar gloriam.

Lo del telefilme sorprende más si cabe, por aquello de estar rodado bajo cuerda norteaméricana (único territorio del globo que ha defendido la intachable virtud de la protagonista de la historia), y sin embargo ser, aún a pesar de todos los datos que se quedan en el tintero, casi una alegoría de culpabilidad de la que es dificil concluir que la protegida de las barras y estrellas pueda ser inocente por un minuto.

En definitiva, a la guapa Knox se la rifan ya las ABC, CBS o NBC de turno para cubrirla de oro entrevistas mediante. Editoriales, productoras... Knox, inocente o culpable, se hará millonaria y "sólo" habrá perdido cuatro años de su vida para poder recaudar más dinero del que nunca jamás habría podido soñar, a costa de un crimen que es más que probable que nunca se resuelva.

A todo esto, sólo una persona cumple condena en la actualidad, como cómplice de un asesinato que parece que nadie ha cometido: un negro. 

Al final, tampoco hay tanto de qué sorprenderse.

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