Universos ParaLelos

Haciendo del universo un lugar más anodino desde 1988.

26 may. 2011

Eurorrisión 2011

"En Azerbayán, paredes caerse a menudo,  yo tener que sujetar"

Oh, si, día 14 de mayo, Alemania. El pueblo llano del viejo continente se agolpa ante sus televisores, bolsa de Riskettos en ristre, para presenciar el festival de vergüenza ajena por excelencia.

Ya no está Rodolfo Chikilicuatre, pero tenemos irlandeses con problemas psicomotrices, granjeros bosnios, y guarrillas por doquier. La cosa promete, e incluso Jose María Íñigo se ha cepillado el bigote para la ocasión, y es que todo apunta a que este será el mejor año de Eurovisión desde que ganó la transexual israelí tiempo ha. 


Y hablando de transexuales, Hungría, envalentonados quizá por aquella gesta añeja de Dana International (que vino al mundo como Yaron Cohen, con un par de huevos y un titánico rabo sionista) decidió que, de todas las diosas que pululan por Budapest, lo ideal era, precisamente, mandar un travelo. Y si no lo era, lo parecía. Europa, continente sabio y de gente de bien, castigó la osadía húngara y aplicó un severo correctivo en forma de puntos al país del este, truncando así sus sueños y esperanzas de futuro. O no, que al fin y al cabo, esto les importa una mierda.



Otra nota discordante de la gala la puso Irlanda, que envío a concurso a dos deficientes con una merma en sus capacidades psicomotrices, la cual les impedía marcar un ritmo acompasado y propiciaba ridículos saltos a destiempo. Todo un dechado de retraso que para más inri les hacía tremendamente hostiables a varios niveles. Después dijeron que no, que retrasados no eran, y que ahí estaba la gracia, en parecerlo. Pero ya no colaba.

Grecia, para no perder la costumbre, mandó a la gala a un grupo de sarasas, y es que de siempre y por todos es sabido que los sarasas han tenido más habilidades para las coreografías que los heteros de a pie. Hubiera sido para quitarse el sombrero tal jugada maestra, de no ser porque uno de ellos tenía cara de hacer souvlakis por las calles de Bruselas. Ello probablemente les pasó factura.

Pero si hay alguien que merezca mención especial, ese es sin duda el octogenario representante bosnio. Uno de esos adorables ancianos, de gesto amable, que  me recordaba a un granjero de Oklahoma que come tarta de manzana y bebe whisky en un tarro de mermelada. Su canción, una puta mierda, desde luego. "Yo me tiro pedos mejores que la música del bosnio este", pensé, sabedor, de forma inequívoca, que era imposible que el grupo de farmers de los Balcanes consiguiera un sólo punto. Pero no sólo consiguió uno, si no que sobrepasó los cien en una votación incomprensible que deja a las claras lo que todos pensábamos: que esto es una basura infecta.

Ahí se podía haber acabado la gala, pero se prefirió esperar, por un lado, a que saliera el representante de Rumanía en pos de que sus compatriotas pudieran hacerse con el máximo tonelaje de cable de cobre del lugar, y por otro, a que el representante francés, que por lo visto debía estar pisando fresas antes de llegar a Alemania, se lavara el pelo antes de actuar, sin resultado.

"Hago lo que quiero, con mi pelo"

Algo parecido debió ocurrir con los moldavos, que decidieron solucionar el problema con una puesta en escena digna de Siniestro Total y El Sevilla, ataviados con unos sombreros de cono, en una bella alegoría de lo ridículo. Y aún así quedaron mejor que España, actuación sobre la que no haré sangre. No debió pensar lo mismo Anne Igartiburu, que finalizada la gala dio por terminada la carrera de chica esa como se llame. Razón no le falta, ni tacto le sobra.


Al final, la cosa terminó con la victoria de un par de homeless de Baku, que cantaron algo sobre las picaduras de tábanos, con éxito aparente. Queda el consuelo de que gracias a recónditos lugares como Estonia, Austria (foto inferior), Eslovenia y Ucrania, el festival cumplíó al fin y al cabo con su principal función: dar para paja.

"Yo recibir simiente hasta en Aeropuerrto Viena, hoijan."


Hasta el año que viene, en Baku. Vigilen sus carteras.



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